IDL 159 | Ecuador: por el imperio de la ley y la sensatez

by majobastidas

Por Bruno Faidutti (*)

INTRODUCCIÓN

Dedicamos este Ideas de Libertad #159, primero de 2021, a las reflexiones meditadas de uno de nuestros economistas destacados dentro del grupo de Foro Libertad y Prosperidad, a la par que socio distinguido de nuestra organización, Bruno Faidutti, en torno a la aplicación de dos meridianos principios liberales para el Ecuador que estrena la nueva década: la acción individual en toma de decisiones públicas como es el acto de votar con conciencia y el respeto, así como la defensa de parte de ese ciudadano de su constitución, “de consenso y regida por leyes”.

Ambos textos son hilados por su autor, respondiendo a la necesidad de aflorar luces sobre el ecuatoriano en ejercicio de sus derechos y deberes ciudadanos, justo en estas semanas decisivas para el futuro del país. Primero en exigir la verdad al político candidato, que oferta “soluciones” a cambio de votos y luego olvida saldar sus compromisos. Máximo los que desde el centro de poder, tras las elecciones, evitan ocuparse de las problemáticas de las regiones. Por lo que Faidutti invita a hacer militancia por el sistema federalista. Y en lo que refiere al Estado de Derecho, conmina a los ciudadanos a exigir al nuevo legislativo desmontar instrumentos nocivos para el libre ejercicio económico y por tanto, atentatorios de derechos constitucionales como por ejemplo, la Ley Orgánica de Regulación y Control de Mercado. Una lectura que aporta al debate y a la concientización.

Dora de Ampuero
Fundadora del IEEP

SÍ AL CAMBIO POLÍTICO Y ECONÓMICO

Anhelo que el título ofrecido, capte vuestro interés por leer este artículo. Todo político en campaña propone cambios para mejorar nuestro nivel de vida. Confiamos que ningún candidato mienta, al presentar las mismas promesas incumplidas por presidentes anteriores. Escribo mentir, porque no existe almuerzo gratis en la economía, como para que un presidenciable ofrezca mejor bienestar de vida, si ese cambio no proviene de ti mismo. En cada ocasión que el estado “obsequia” algo a un ciudadano, a otro le sacan dinero a través de los impuestos. Nos surge entonces la pregunta: ¿Cuál es la solución si el estado al quitar a los ricos no entrega el dinero a los más necesitados, porque se lo roba la burocracia?: la repuesta a esta interrogante es que el estado no participe en la actividad económica.

Se han preguntado si algún burócrata predijo la pandemia, o acaso puede vaticinar cuantos zapatos tu familia demanda al año, o cuáles son tus preferencias en comida, educación, deporte, etc. Definitivamente no, ya que el estado central a la hora de planificar con variables y estimaciones a futuro tendrá altas posibilidades de que lo esperado no se cumpla. ¿Por qué? Porque la economía es dinámica, no estática como lo es el papel. Recordemos el argot popular: “El papel aguanta todo”. Por eso, preexiste tanta desilusión política en las sociedades latinoamericanas.

El problema lo creamos nosotros como ciudadanos. Nos hemos acostumbrados a exigir que los políticos nos “regalen” todo y vamos de tumbo en tumbo con la esperanza deshecha. De allí la mentira constante de los candidatos para atraer el voto…diciéndonos lo que queremos oír. Ningún candidato te dice voy a achicar el tamaño del estado para no tener que cobrarte más impuestos y de esa manera serás libre con el dinero que ganas, esfuerzo de tu trabajo, sintiéndote orgulloso de gastarlo en lo que te venga en gana: educación, salud, alimentación, turismo, vicios, lujos, etc. Empero, si te lo ofrecieron en campaña, cuando llegan al poder, el statu quo de la burocracia absorbe al nuevo gobernante con mentiras de que la reducción del tamaño compromete a las fuerzas armadas, educadores y trabajadores de la salud. Todas esas afirmaciones burocráticas son mentiras, porque todo es perfectible en la vida, de lo contrario, no hubiese países con mejores tasas de crecimiento y estándares de vida de las que aspira el Ecuador.

Una vez explicado mi anhelo en términos económicos para el país, pregunto: ¿Está usted de acuerdo con la falta de libertades políticas implantadas en la constitución donde se impone el centralismo? Si no está de acuerdo es el momento de proponer un nuevo sistema político que satisfaga a cada una de las regiones. Ese sistema se llama federalismo. En otras palabras, las regiones o provincias tendrían su propia autonomía y pudieran planificar sus futuros sin que el estado central interfiera.

Contrario a lo que se piensa, un sistema de gobierno federal es solidario porque paga impuestos al estado a cambio de seguridad, diplomacia y temas de interés general, reclama lo que te pertenece como región y libera a las regiones de las decisiones burocráticas del centralismo.

Respetando la constitución, el gobernante tiene la obligación de proporcionar seguridad para que los habitantes desarrollen bienestar para sus familias en todas las regiones del país, cosa que no sucede en sistema político actual.

Las debilidades del sistema político centralista -unitario- han quedado evidenciado en crisis de razonamiento eléctrico del pasado (a quienes habitamos en la costa nos pedían bañarnos con agua helada), en la repartición de becas, en la distribución de la salud, educación, etc. Es una lista interminable de hechos que se repiten a lo largo y ancho del país.

Ecuador, país diverso en costumbres por su variada geografía y étnica, obliga a los mandatarios gobernar con diversidad de criterios en procura de satisfacer a todos. Esto, sin contar que los recursos seccionales para municipios y prefecturas están a merced de simpatías con el gobierno de turno. Otro de los problemas existentes.

Aplicando las autonomías regionales o provincias a través del federalismo, pudiéramos decir que el ciudadano del oriente recibe lo justo por la riqueza petrolera; el guayasense quedaría más satisfecho al ver que sus aportes tributarios se quedan en inversión; el galapagueño se sentiría con mayor derecho de defender la ecología de las islas, con decisiones de interés general para sus habitantes, sin rogar que le devuelvan al “Solitario George” o autoricen desde la capital los vuelos internacionales hacia las islas; el manabita pudiera proyectar su desarrollo hacia el exterior por tener puerto de aguas profundas y aeropuerto; el turismo ecológico o minería en las provincias de Carchi, Cañar, Azuay, etc. sería de potestad de sus habitantes, ya que sus beneficios llegarían de manera directa. En fin, pudiéramos nombrar todas las provincias o regiones del Ecuador y encontrar diversidad de ventajas que poseen cada una, con la finalidad de que lo recaudado se quede en cada provincia federada, acompañado de planes de desarrollo que crean bienestar para sus ciudadanos.

A mi criterio, no va más el modelo político centralista del Ecuador. Este es el momento de proponer cambios en el proceso electoral de febrero 2021 En las próximas elecciones presidenciales, mi voto es para el candidato que proponga el federalismo, ya lo decidí.  No voy por “caballo ganador”.

NECESITAMOS UN MARCO JURÍDICO NEUTRO PARA EL PAÍS

Con la constitución de 2008, se perdió la oportunidad de redactar una constitución apolítica y sencilla, de pocos artículos, que recoja las aspiraciones de igualdad, libertad y respeto a la propiedad privada y sin direccionamientos económicos de ninguna índole, que dejara satisfecho a la gran mayoría de los ecuatorianos. Caso contrario un cambio de dirección en la política ecuatoriana se puede repetir y con ella nuevos rumbos constitucionales en la forma de gobernar.

Una nueva constitución rígida sería otra que se pierde porque nacería sentenciada a muerte prematura. Y así será, no pasará mucho tiempo para que los 444 artículos actuales de la constitución terminen en una nueva constitución de consenso, donde sean las leyes las que marquen las tendencias de los gobernantes y asambleas de turno.

En las mejores democracias, las constituciones son eternas porque están escritas para que se adapten a las voluntades de los pueblos. Si los pueblos votan por candidatos de derecha o de izquierda, el elegido, puede cumplir con sus propuestas electorales a través de creación de nuevas leyes. Allanando el camino hacia el futuro de los pueblos, no debería existir la mínima posibilidad de que la constitución deba cambiar con cada nuevo mandatario para forzar caprichos dogmáticos porque la política es como el péndulo que se mece en cámara lenta. Con el tiempo cambia la dirección del péndulo, con una constitución dogmática, que no da espacio a la nueva dirección que tomo el péndulo, habría que ser modificada y así sucesivamente cada vez que cambie la tendencia; esto hace que no maduremos como nación, nadie invierta a largo plazo y que el dinero ahorrado esté siempre en el exterior.

Con la existencia de la Ley Orgánica de Regulación y Control del Mercado se pretende regular, controlar y sancionar toda actividad económica, quedó la puerta abierta, creándose la Superintendencia de Control del Poder del Mercado. ¿Se imaginan lo que esto significa para un inversionista? En otras palabras, en el Ecuador no hay cabida para los Steve Jobs ni los Bill Gates porque su ingenio los llevó a soluciones y aplicaciones en el campo de la tecnología que hicieron de Apple y Microsoft gigantes corporaciones, con poderes monopólicos por decisión del propio público consumidor. Un hecho que no se podrá vencer si la inspiración de otros no despierta y desafía la iniciativa que ellos tuvieron; es decir, si el consumidor decidió que los productos de Apple y Microsoft son preferencia mayoritaria, nada tienen que hacer las autoridades en regularlas.

¿Por qué castigar el ingenio cuando todos nos beneficiamos de las buenas ideas? Mi tesis de maestría fue sobre monopolios naturales en tiempos que la globalización, no tenía las matices que hoy posee este fenómeno y cuando las escalas de producción óptimas eran muy grandes para un país de mercado pequeño como el ecuatoriano. Esto hace más de 30 años. Si la misma globalización, por el hecho de estar conectados a bajo costo, junto al abaratamiento de los medios de transporte de carga, amplió los mercados del mundo, es un sinsentido restringir el comercio local e internacional. La competencia se encargaría en bajar los precios; lo único que el estado debe proporcionar es la seguridad jurídica para los actores económicos: productores y consumidores, seguridad ciudadana, facilidad para formar empresas y eliminar barreras que impidan la competencia.

Las leyes antimonopolio ya no aplican en estas épocas de la modernidad. La ley antimonopolio lo que hace es proteger a la empresa monopólica porque al controlarla, está fijando el precio del servicio que la empresa presta; y eso sería un impedimento para las empresas entrantes al mercado. Me explico, para una empresa solitaria que provee un bien o servicio en el mercado donde tiene que tratar con la autoridad de control, por el hecho de ser un monopolio, es sumamente sencillo para su gerente general entrar en colusión con el estado controlador al sugerir un precio que impida la entrada de la competencia al mercado. Imaginen el poder de una Superintendencia de Control del Mercado que tiene la facultad de pedir información, determinar la composición del mercado y sancionar lo que no le parece. Este es un poder discrecional ejercido por una burocracia demasiado grande como para incentivar la gestión empresarial. Todo hecho, por más buenas intenciones que se tenga en la aplicación de normas, reglamentos o leyes, que ocasione el análisis respectivo, crea dudas y nerviosismo, no es digno de que se tome a consideración, porque estamos antecediendo el uso del abogado antes que la propia iniciativa empresarial.

La seguridad jurídica en el campo de las telecomunicaciones es mala para los negocios privados, desde el propio articulado de la Constitución de la República donde se establece que el aprovechamiento sustentable de recursos naturales o de bienes públicos, estará a cargo de las empresas públicas y que de forma excepcional puede delegar a la iniciativa privada el ejercicio de estas actividades. Esto significa que CNT tiene prerrogativas en la prestación de servicios de telecomunicaciones. Como es de suponerse, CNT está exenta del pago de regalías, tributos o de cualquier otra contraprestación por el uso u ocupación del espacio público o la vía pública y del espacio aérea estatal, regional, provincial o municipal, para la colocación de estructuras, postes y tendido de redes.

Para desgracia de las compañías privadas que compiten contra CNT Empresa Pública, el ministro de Telecomunicaciones es presidente del directorio de CNT EP, convirtiéndose en juez y parte. Por lo anterior descrito, se explica la desaceleración en la inversión de Claro y Movistar en los últimos años.

Esto es cuestión de comparar las épocas y contestarse: ¿es hoy más sencillo o más difícil hacer empresa o iniciar un negocio en el Ecuador? En la actualidad, ¿hay crédito para empezar un nuevo negocio de desarrollo como fue la industria camaronera en los años 80?. En los últimos diez años, ¿Qué nuevo negocio industrial privado de importancia se ha desarrollado en el Ecuador?

NOTA: (Extracto sacado del capítulo: “SEGURIDAD JURÍDICA EN EL ECUADOR”) del libro “¿Qué pasa Ecuador”? por Bruno Faidutti Navarrete.
Ambos son artículos publicados originalmente en Medio Digital DesdemiTrinchera.com

(*) SOBRE EL AUTOR
Economista independiente, académico asociado al Instituto Ecuatoriano de Economía Política IEEP, máster en Ciencias Económica de la Universidad de Ottawa, Canadá.
Fue miembro de la Junta del Acuerdo de Cartagena-CAN, asesor de la gerencia del Banco Central de esa nación. Es autor de estudios sobre Dolarización, casos: Ecuador y Venezuela. Columnista del portal de análisis político “Desde mi trinchera”. Coautor del libro “El Derecho Internacional del mar y el Ecuador” y autor del libro “¿Qué pasa Ecuador”?
Actualmente, es miembro del Foro para la Libertad y Prosperidad y académico asociado del IEEP.
[Ideas de Libertad 159]
 

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