IDL 163: ¿ AMOR ES LIBERTAD?

IDL 163: ¿ AMOR ES LIBERTAD?

IDL 163: ¿ AMOR ES LIBERTAD?

POR CARLOS COBO

La primera edición 2022 de IDL circulará justo durante el llamado Mes del Amor y la Amistad, para unos una efémeride de consentir y ser consentidos, para otros una fecha más en el calendario del comercio global, para hacer su fiesta de negocios. Pero más allá de estos dimes y diretes, existe un trasfondo filosófico sobre el devenir del amor como institución en la modernidad, contrastado en dos visiones antagónicas: la del socialismo y la del capitalismo. Sobre ello transcurre esta entrega, que esperamos resulte una apreciada lectura.

A lo largo de la historia, bajo la teoría marxista, muchos autores han mencionado que así como la propiedad privada debe desaparecer para que el hombre pueda librarse del trabajo económico y del yugo de sus explotadores, el amor también debe liberarse de las trabas económicas que el ánimo de lucro ha impuesto hasta el presente.

La implementación del modelo socialista no solo anuncia y promete el bienestar y la riqueza para todos, sino también la felicidad en el amor. Este grupo de utopistas soñaban con un porvenir ideal en el cual se restablecería la Edad de Oro, perdida para los hombres a causa de la industrialización y el capitalismo. Apreciaban erróneamente que el progreso cultural de este modelo económico resultaba perjudicial para todos los campos de la vida humana. Para el amor, y las experiencias sexuales también se pretendía (y posiblemente hoy lo pretendan algunas facciones), retornar a ese estado de “felicidad perfecta”, cuando reinaba el amor libre y no existía la propiedad.

Pedían la supresión de la propiedad privada al descubrir su origen y la eliminación total del Estado, al mostrar que este no siempre ha existido. De la misma forma trataron de combatir el matrimonio mostrando su origen histórico, a partir del cual, tras superar una supuesta edad de oro sobrevino el capitalismo y con éste todos los males imaginables. En esta ideología es unánime la opinión acerca de la nefasta influencia de lo económico sobre las relaciones sexuales y el amor, puesto que resulta manchada su pureza natural y original (Mises, 1922). Desde esta valoración, la realización de la unión conyugal y las relaciones familiares han tenido por objetivo principal la dominación absoluta del hombre sobre la mujer, convirtiéndola y manteniéndola simplemente como un objeto de utilidad.

Tal enfoque marxista, consideraba que los hombres de los tiempos más remotos se acogían al amor más puro, pues antes de la era capitalista el matrimonio y la vida familiar eran sencillos y naturales. Por el contrario las consecuencias de este sistema de explotación social derivó en matrimonios de interés, prostitución y el libertinaje sexual (Mises, 1922).


Por desgracia para estas corrientes socialistas, y a pesar de sus intentos por instalar viejas leyendas con espíritus emocionales y resentimientos que le son propios hasta la actualidad, investigaciones a lo largo de la Historia del S.XX han probado la falsedad de sus conceptos, brindando una imagen por completo diferente de la vida en tiempos remotos y los pueblos primitivos. En la antigüedad la mujer era tratada como una esclava en la casa, que podía ser vendida, comprada, regalada o legada por testamento, donde el marido era juez de la mujer.

El mundo se regía bajo el principio de la fuerza, que tomaba en cuenta únicamente a los hombres, ellos poseían el poder y por ende derechos y exigencias. La mujer, en cambio, tenía propietario, padre, tutor o esposo, sin derecho a escoger a su marido, ella era dada y él la tomaba. Que ella lo amase y atendiese era su deber. Así como en los tiempos en que imperaba este principio donde la mujer era la sirvienta del hombre y se consideraba que tal era su destino, se encontraba por todas partes la poligamia; se les exigía fidelidad y el único que tenía derecho de disponer del trabajo y el cuerpo de cada una de ellas era el amo y señor. Incluso esta supremacía marital quedaba subyugada a otro más poderoso, con opción de disponer a voluntad de las mujeres de sus súbditos.

Para el economista Ludwig Von Mises, durante siglos nadie se atrevió a oponerse a la poligamia de los reyes pos romanos, quienes solían tener numerosas concubinas, disfrute reservado a personajes pudientes e importantes. Pero es justamente en este estrato donde se daban las mayores desavenencias. Cuando las relaciones entre esposos acabaron por ser reconocidas como un contrato recíproco, y no podían contraerse sin la libre voluntad de ambas partes, se rompió la soberanía de una de las partes sobre la otra. Las mujeres que estrenaban un nuevo núcleo familiar junto a su marido, podían heredar, poseer y disponían de derechos de propiedad que protegían su patrimonio. Ello provocó que tanto hombres como mujeres adoptaran gradualmente la monogamia, ambos aportaban riqueza al matrimonio como consecuencia de la penetración del espíritu y cálculo capitalista en la familia.

La infidelidad del hombre ya no podía juzgarse de manera diferente a la infidelidad de la mujer, imponiendo a ambos la obligación de una lealtad recíproca y convirtiéndolos en compañeros que gozan de iguales derechos, mejorando así la posición de la mujer. Asimismo facilitó la evolución del matrimonio a un acuerdo mutuo con derechos sobre los bienes conyugales, estableciendo una demarcación muy clara entre las uniones y los hijos legítimos e ilegítimos, protegiendo jurídicamente la fortuna de la esposa y sus herederos.

Gracias a derechos de propiedad debidamente establecidos la mujer quedó liberada de la necesidad de casarse con un hombre destinado a mantenerla en lugar de quererla, de la obligación de aguantar lo que fuera por miedo a ser repudiada del resto de la sociedad y de vivir encadenada monetariamente a un hombre. Es decir, la “esposa” quedó liberada lejos del alcance del poder de un marido sometedor, con jurisprudencia sobre sus bienes aportados por esta al matrimonio y todas las adquisiciones realizadas durante él, así como con prestaciones obligatorias que podían ser fijadas en tribunales. Ahora ambas partes estaban en disposición de pensar mejor al momento de escoger a su pareja a fin de compartir el resto de su vida (si fuese el caso).

Es por esto que los matrimonios actuales, en su mayoría, se producen por la voluntad de ambas partes, consumando su amor y correspondencia a través del acto matrimonial, la institución que los consagra. A partir de esta visión ofrecida por el capitalismo y la propiedad, si un matrimonio no es contraído por amor, resulta moralmente injustificado, resultando extraño para esta sociedad que los cónyuges mantuvieran vínculo por conveniencia.

Si un matrimonio es infortunado, la causa no se debe al que ejerzan sus derechos sobre propiedad privada. El hecho que hoy día estos conflictos sean más evidentes que el pasado, responde a que en la antigüedad el amor y matrimonio estaban separados y siendo una de las partes la que ejercía los derechos y la otra tan solo los deberes conyugales.

La consecuencia lógica de ese repudiado contrato con consentimiento y ánimo de lucro (el acto de casamiento) que el socialismo tanto rechazaba, ha sido que los esposos demanden y anhelen en su unión satisfacer realmente su deseo de amor, la felicidad con el ser amado y un gesto sincero de unirse.

A este “horrible sistema” se le atribuye también el aumento de la prostitución y el libertinaje sexual como muestra de la decadencia de los tiempos globales,
donde la mujer es un instrumento para prodigar placer. Sin embargo, es ya una convención reconocer que la prostitución es uno de “los oficios más viejos del mundo”, un vestigio de antiguas costumbres que cohabita con otras contemporáneas entre culturas y civilizaciones. Es por tanto el matrimonio, la institución más eficaz en tiempos del capitalismo para el combate de la explotación sexual de la mujer, brindando igualdad de condiciones entre contrayentes.

Solo en dicho sistema económico, a través del cual se procura un ejercicio de iguales bajo el imperio de la ley, brindando la seguridad legal y económica a cada individuo, hombre o mujer, para cubrir sus aspiraciones y deseos, sean éstos espirituales y materiales, que la libertad se expresa sin distingos ni ataduras. Se trata de lazos, vínculos, uniones bajo voluntad del individuo. De tal manera, que la próxima vez que sienta amor, ya sea por su pareja, su familia o amigos, recuerde que es gracias a la libertad y el capitalismo.

SOBRE

CARLOS COBO

Es Ing. Comercial de la Univeridad Santa María (filial de la UTFSM de Chile), con estudios especiales en comercio y economía. Es Director de Desarrollo Institucional del IEEP y conductor de su espacio radial Contrapunto Liberal. Además es miembro de Estudiantes por la Libertad Ecuador.

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