Por una sociedad libre y próspera

Por una sociedad libre y próspera

Gabriela Calderón de Burgos destaca las reformas propuestas por el Foro Libertad y Prosperidad del Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP).
Leyenda: La sociedad ecuatoriana ha de enrentar urgentes reformas
para avanzar hacia un mejor provenir. Foto Archivo ElCato.org

Gabriela Calderón de Burgos (*)

Esta semana presentamos junto con economistas, académicos y representantes de la sociedad civil cinco reformas que pueden convertir a Ecuador en una sociedad libre y próspera. Las propuestas dan a los ecuatorianos mayor libertad para planificar sus proyectos de vida.

Primero, proponemos reducir el tamaño y envergadura del Estado –sin dejar de priorizar la seguridad, salud y educación– para poder disminuir la carga tributaria sobre los ciudadanos. La prensa está llena de escándalos de corrupción y despilfarro en la administración pública. Es el resultado previsible de haber llevado el aparato estatal a consumir casi la mitad de lo que produce toda la economía (43 % en 2014), desde ahí bajó a un todavía alto 36 %. El país crecía a una tasa saludable y la pobreza se redujo aceleradamente cuando el Estado consumía apenas 23 % del PIB entre 2000-2006.

Segundo, proponemos una reforma laboral que permita incluir a todos, no solo al selecto grupo de ecuatorianos que califica para superar las costosas barreras de entrada al mercado laboral formal. Todos –empleadores como trabajadores– nos beneficiaríamos de una mayor libertad de contratación. Proponemos crear nuevas formas voluntarias de trabajo que sin violentar los derechos individuales permitan salarios por debajo del mínimo para personas sin experiencia durante hasta un año y jornadas laborales flexibles. También, que el salario mínimo se fije con base en la productividad y un sistema de término de contratos laborales que sea conveniente para ambas partes.

Tercero, proponemos convertir a los trabajadores ecuatorianos en propietarios. Actualmente son clientes cautivos de un monopolio estatal de pensiones conocido por la corrupción y el despilfarro, cuando deben tener la libertad para elegir qué organización administra sus ahorros y en qué se invierten según su tolerancia de riesgo. Los trabajadores —menos aquellos que estén muy cercanos a su edad de jubilación— tendrían un periodo de 1-2 años para elegir entre el sistema antiguo y el nuevo, periodo después del cual los nuevos trabajadores serían automáticamente ingresados al nuevo sistema. Respecto del componente de salud, los empleadores continuarían aportando igual, pero ahora lo harían a la institución especializada en ofrecer planes de medicina prepagada y/o seguros de salud que elija cada trabajador. Los ahorros de los trabajadores no serían más un botín político.

Cuarto, proponemos convertir a Ecuador en un pequeño lago conectado al océano de liquidez mundial. Que sea un importante centro financiero internacional. Es necesario simplificar las regulaciones financieras, eliminar toda restricción e impuestos sobre los movimientos de capitales y adoptar un sistema tributario territorial, esto es que solo se tribute aquella renta generada en el territorio nacional.

Quinto, proponemos abrirnos al mundo: los ecuatorianos necesitan mayor libertad para elegir entre una gama cada vez más diversa de productos. Proponemos una reducción unilateral de todos los aranceles a una tasa fija y temporal de 5 %, tasa que deberá reducirse 1 % al año hasta llegar en 5 años a ser una economía totalmente abierta, sin impedir que firmemos tratados de libre comercio con nuestros principales socios comerciales y el resto del mundo. (O)

(*) Investigadora del Instituto Cato y miembro del Foro Libertad y Properidad. Publicado originalmente en El Universo el 14/08/2020