Solidaridad espontánea

Solidaridad espontánea

Por Carla Lemos Garay

Fréderic Bastiat dijo «La solidaridad es espontánea o no es solidaridad, decretarla es aniquilarla». Una frase que identifica la situación de alteración social que estamos pasando en estos momentos, pero más allá de que la solidaridad es un valor que hace que nos apoyemos en tiempos difíciles, pienso que cada vez las personas perdemos nuestra capacidad de sentir, de tener empatía con los demás, imaginamos en nuestras mentes que tal acto nos hace débiles o frágiles, pero en estos tiempos sin lugar a duda, sentir es un acto de valentía.
En estos días de confinamiento, no hay mucho por hacer dentro de nuestras casas, algunos leen, se ejercitan, cocinan, tele-trabajan, otros más dependientes de actividades diarias tratan de llevar su día a día con normalidad, como días atrás, que salir por la mañana luego de un café no reflejaba un peligro visible. Pero en este nuevo milenio contamos con la tecnología necesaria para no tener que salir de casa, podemos pedir a domicilio con solo varios click en el teléfono, apagar y encender luces con solo mencionar un par de palabras o incluso tener todo un mundo de entretenimiento en un dispositivo móvil o computadora.
Entre tanto, aprovechando lo millennial que es nuestro tiempo abrí Netflix y me encontré con una película con una portada bastante interesante llamada “El Hoyo” (spoilert alert), una cinta española llena de alegorías. Narra la decisión voluntaria de Goreng un hombre estudiado que entra a una cárcel de concreto con un hoyo en el centro durante 6 meses para tener su título homologado, por este hoyo todos los días baja una mesa llena de comida, un buffet preparado por los mejores chefs, esta mesa recorre todos los pisos de la cárcel desde el más alto hasta el más bajo, en cada cuarto se queda un tiempo determinado y durante este lapso de tiempo puedes consumir lo que desees del buffet, pero conforme baja la plataforma los reclusos van acabando con todo, la comida se va escaseando y se vuelven sobras, dejando a los que están en los pisos más bajos morir de hambre.
Goreng tiene un compañero de celda llamado Trimagasi, un hombre mayor que le explica la mecánica de cómo funciona el hoyo, este le dice que hay 3 tipos de personas en el hoyo, los de arriba, los de abajo y los que caen; el lugar es operado por una institución llamada “la administración”, esta entidad deja que entres a la cárcel con el artículo que decidas, a medida que pasa la película vemos personas llevar objetos como: cuchillos, armas, mascotas, dinero, sogas, Goreng en este caso decide llevar un libro, el Quijote. Goreng con Baharat, su último compañero de piso, se propusieron llevar comida racionada a todos los niveles del hoyo. Se dio cuenta que era comida suficiente para todos adentro pero que el egoísmo podía más, si todos colaboraban no era necesario que la gente muera.
Mientras bajaban se encuentran con un ex compañero de Baharat, un viejo sabio que les aconsejó que distribuir la comida no iba a ser suficiente, sino que tenían que enviar un mensaje, un alimento perfectamente conservado para que la administración se dé cuenta que los seres humanos podemos colaborar en tiempos difíciles. Dándonos a entender que muchas veces esperamos que llegue un Mesías a resolvernos los problemas, pero solo basta con enviar un mensaje y no necesariamente un mensajero para aquello, sino un emblema, una causa.
Una de las reflexiones que trae a colación esta cinta es que todos podemos llegar a pasar momentos difíciles, sin importar que tanto dinero, fuerza, poder, sabiduría tengamos, o si somos de clase alta, baja, media o incluso si somos parte del sistema.
Pero como podemos ser solidarios, si por el momento pasamos por un tiempo de cuarentena (toque de queda, restricciones de movilidad, etc.) y la solidaridad no se da en sistemas en el cual no existe la libertad, a diferencia de hace semanas atrás cuando éramos totalmente libres y teníamos un mercado donde podíamos dar valor a otros para poder satisfacer nuestras necesidades.
El COVID-19 nos está dando una lección, ya que en realidad no sabemos cuánto tiempo vamos a estar encerrados, no sabemos si los alimentos subirán de precio, y no sabemos si habrá escasez el día de mañana. Actualmente como lo dije al inicio de este articulo, tenemos la ventaja de que ninguna otra generación ha tenido y es: el internet, contamos con las plataformas móviles en donde podemos direccionar nuestra ayuda a quien la necesite. No importa si la solidaridad no es organizada, de eso se trata, de que las acciones sean espontaneas, esto no es un llamado a “salir” a colaborar. Hoy solidaridad es permanecer en tu casa, cuidarte y cuidar a los tuyos, abastecerte lo necesario y ser empáticos con las personas que están lidiando con la tragedia de algún familiar o amigo.
Finalmente les dejo a manera de reflexión la famosa frase de Don Quijote a Sancho: 
«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra ni el mar encubre, por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.
Carla Lemos Garay es directora regional de Ecuador de Estudiantes por la Libertad