Apenas es el comienzo

8/03/2017

Por: Hernán Pérez Loose

El cuadro que emerge luego del anuncio de que habrá una segunda vuelta debe invitarnos a reflexionar. El régimen fascista y corrupto que ha gobernado durante los últimos años ha recibido un duro golpe ciertamente. El resultado electoral ha encendido las alarmas de esa nueva oligarquía que está entronizada en el poder. Basta verles los rostros de desesperación. Sienten que están jugándose el todo por el todo. Para ellos lo que está en peligro no es el socialismo, ni la justicia social, ni la vigencia del Estado –¿qué Estado puede haber allí donde un individuo es el dueño de todas sus funciones?–. No. Lo que les inquieta es la probabilidad de verse enjuiciados por tribunales independientes, por sus abusos de fondos públicos, sus contratos a dedo, los sobreprecios de las hidroeléctricas, las coimas de Odebrecht, el feriado petrolero; en definitiva, les angustia tener que rendir cuentas, ya sea aquí, en Estados Unidos o en Bélgica –países estos últimos con los que habrá que actualizar los tratados de extradición– por su administración de 350 mil millones de dólares. No es por la ideología, sino por sus bolsillos.

Temen enfrentar las acciones de repetición, así como los procesos nacionales e internacionales por violaciones de derechos humanos, por sus crímenes de lesa humanidad, por el encarcelamiento de opositores y la deportación masiva de refugiados. Y como sucede generalmente con los dictadores africanos, ahora han comenzado a hablar de que serán “perseguidos políticos”.

Pero no nos engañemos. Esta gente sabe también que todo el andamiaje judicial de la dictadura, toda su estructura jurídica, toda esa mole de cemento armado que les ha garantizado impunidad por sus saqueos y abusos, sigue y seguirá allí tan sólida como antes.

Allí nos deja el dictador una Constitución que tiene labrado en piedra ese modelo económico y político dictatorial que hoy el pueblo pide que sea cambiado, pero que será imposible hacerlo luego de los resultados de dudosa legitimidad de las elecciones legislativas. Allí queda intacta la Corte Constitucional, fiel guardiana de diez años de atropellos, siempre presta a cubrirle las espaldas al oficialismo. Allí quedan el sistema judicial y los organismos de control, seguros encubridores de sus acciones. Allí queda el organismo electoral dirigido por un compadre suyo y manejado por su movimiento político. Ah, y allí queda también una clase política que probablemente terminará jugando a su favor. Porque el dictador sabe que, llegado el momento, algunos de sus líderes plegarán por preservar lo que hoy han ganado, antes que asumir los riesgos de construir una democracia moderna.

La segunda vuelta no es entonces entre Lasso y Moreno. Ni se trata simplemente de elegir a un nuevo presidente. En realidad, la segunda vuelta es solo el comienzo de un difícil camino que tendremos que recorrer los ecuatorianos para derrumbar a la actual dictadura fascista y corrupta, y sepultar al Estado y la Constitución que ella engendró. Y sobre esos escombros poder entonces construir una república donde el imperio de ley nos haga libres y dé prosperidad.

*Este artículo fue publicado originalmente en El Universo, el 7 de Marzo de 2017. Para mayor información consulte http://www.eluniverso.com/noticias/2017/03/07/nota/6077335/apenas-es-com...

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