Y ¿si hubiéramos tenido moneda nacional?

23/01/2017

Por: Gabriela Calderón de Burgos 

Distintos funcionarios del Gobierno se felicitan por haber gestionado de excelente forma la actual recesión económica. Lo hacen argumentando que lo hicieron incluso maniatados por no tener moneda propia. Pero, pensemos, ¿qué hubiera podido suceder si, a partir de que se iniciaran los problemas en 2014, en lugar de haber estado dolarizados hubiésemos contado con una moneda nacional?

Los políticos que estuvieron en el poder durante la última década probablemente hubieran gastado más, de haber existido la maquinita impresora y podido monetizar el gasto, conduciendo a una depreciación de la moneda.

Los ecuatorianos hubiéramos reaccionado rechazando una moneda que pierde valor en busca de otra que lo retiene y hubiésemos empezado a retirar sucres de los bancos para comprar dólares. Así sucedió a fines de los años noventa, cuando el Banco Central del Ecuador (BCE), viendo la caída del sucre frente al dólar, intervino en el mercado cambiario para intentar detener su declive, gastando en el intento la Reserva Monetaria.

Al ver que la reserva cae, la gente se pone más nerviosa y continúan los retiros de depósitos. Cuando eso sucedió, el BCE pretendió frenar los retiros de depósitos y la fuga de capitales elevando la tasa de interés. Tampoco fue suficiente.

¿Qué tanto emitían? En 1996 la emisión monetaria registró un incremento anual de 51,2%, en 1997 28,2%, en 1998 38,6% y en 1999 149%. De la mano de esta orgía de creación de dinero vino la galopante inflación, que pasó de 24% en 1996 hasta llegar a 52% en 1999, y en el 2000 a 96%.

Cabe señalar que la emisión monetaria descomunal de esos años tenía en gran parte la finalidad de rescatar a los bancos, pero el fondo del asunto es la depreciación de la moneda que detonó una corrida bancaria y la fuga de capitales. El BCE prestó a los bancos para que pudieran pagar a sus clientes, quienes de forma desesperada querían convertir sus sucres a dólares. La crisis cambiaria y financiera se detuvo en enero de 2000 cuando se adoptó la dolarización.

A partir de 2014, cuando el presupuesto del Gobierno llegó a su punto máximo y se inició la caída del precio del petróleo, vemos que la brecha de financiamiento se elevó considerablemente y el Gobierno si bien ha reducido el gasto presionado por la fuerza del shock externo, no lo ha hecho suficientemente, negándose a realizar los ajustes inevitables.

En su terquedad, el Gobierno ha reemplazado los altos ingresos petroleros con un endeudamiento público agresivo. Vimos que no han tenido el menor reparo en disponer de gran parte de los fondos del IESS y hasta la semana pasada de más de $ 4.800 millones de la Reserva Internacional, lo cual pone en riesgo la estabilidad del sistema financiero. Nunca les alcanza el dinero y eso hace fácil suponer que si, por ejemplo, en 2015-2017 hubiesen tenido moneda propia, gran parte de la brecha de financiamiento se habría cubierto con un incremento significativo en la emisión monetaria y se habría desatado una espiral de fenómenos agravantes similares o peores que en 1999.

Lejos de quejarse de la dolarización, deberían reconocer que esta ha sido la mejor reforma económica introducida en el país.

*Este artículo fue publicado originalmente en El Universo, el 20 de Enero del 2017. Para mayor información consulte http://www.eluniverso.com/opinion/2017/01/20/nota/6005368/si-hubieramos-...

 

Autor

Gabriela Calderón de Burgos es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo(Ecuador). Se graduó en el 2004 con un título de Ciencias Políticas con concentración en Relaciones Internacionales de la York College of Pennsylvania y en 2007 obtuvo su maestría en Comercio y Política Internacional de George Mason University. Desde enero del 2006 ha escrito para El Universo (Ecuador) y sus artículos han sido reproducidos en otros periódicos de Latinoamérica y España como El Tiempo (Colombia), La Prensa Gráfica (El Salvador), Libertad Digital(España), El Deber (Bolivia), El Universal (Venezuela), La Nación (Argentina), El Diario de Hoy (El Salvador), entre otros. Es autora del libro Entre el instinto y la razón (Cato Institute / Paradiso Editores, 2014). 

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