Una visión libertaria española de la independencia de Cataluña

04/10/2017
Martha Hidalgo

Por desgracia, los nacionalistas aproximan a la historia con otro talante. Para ellos el pasado nos una fuente de información de instrucción, sino un arsenal de armas para llevar a cabo una guerra. Buscan hechos que puedan usarse como pretextos de excusas para su tendencia a la agresión y la opresión. Si los documentos disponibles no proporcionan dichos hechos, no les asusta distorsionar la verdad y falsificar documentos. —Mises, Gobierno omnipotente.

Al movimiento nacionalista catalán a favor de la independencia no le mueve una necesidad urgente de libertad para establecer un paraíso libertario de libre mercado y bajos impuestos. No busca la creación de un gobierno más pequeño y más descentralizado. Es la creación de poderosos intereses especiales en la región para el fin de conseguir todavía más poder, concesiones y dinero del resto de España, al tiempo que controlan aún más a los catalanes a través del adoctrinamiento y la creación de un malvado opresor extranjero. La independencia no es un fin para ellos, es una herramienta política.

España está dividida en comunidades autónomas y hoy cada una tiene un estatuto, similar a una constitución, que ha dado a Cataluña, entre otras, autonomía regional. Cataluña controla sus sistemas educativo y sanitario y puede fijar impuestos sobre eventos que no estén gravados por el gobierno central o los ayuntamientos, con algunas excepciones. A través de esto, Cataluña actualmente tiene 17 impuestos distintos y es una de las comunidades con el impuesto de la renta más alto del país.

Ha habido intentos recientes de independencia a través de cambios del estatuto de Cataluña (su constitución). El primer estatuto de la región fue aprobado en 1979 por el 59,7% de la población, con el 88,15% votando a favor. Después de años de reclamar una nación independiente y afirmar un maltrato a manos de Madrid, los líderes catalanes presentaron un nuevo estatuto para aumentar la independencia regional en 2006. Votó el 49,42% del electorado, con un 73,9% votando a favor. En 2014 tuvo lugar el primer referéndum ilegal sobre la independencia, pagado con el dinero de los contribuyentes de toda España. Votó el 37% del electorado, con un 80% de votos a favor. Esto significa que solo un 30% de los votantes potenciales votaron a favor de la independencia.

Los orígenes del movimiento separatista

Durante el tiempo del siempre creciente Imperio Español, España estaba constituida por reinos, pero Cataluña no era uno de ellos. Estaba constituida por condados y había un personaje llamado el Conde de Barcelona. La primera vez que hay una mención al término Cataluña es en el siglo XII, cuando el rey Alfonso II lo reconoce en un documento de donación a su esposa. En 1714, los borbones y la casa de Austria lucharon por el trono de España. Los catalanes se pusieron de lado de los austriacos. No hubo una invasión desde Castilla: fue una guerra de sucesión, no una guerra de secesión. De hecho, es sabido que uno de los héroes nacionalistas, Rafael Casanova, llamó a Barcelona a luchar contra los borbones, por su honor, su nación y la libertad de toda España.

El movimiento nacionalista catalán que gobierna hoy la región empezó en el siglo XIX, en la época romántica, y recibió el nombre de Reinaxença. Era un movimiento que se centraba en la tierra y la tradición y su principal objetivo era reavivar el idioma catalán. Uno de los fundadores de este movimiento, Francisco Cambó, se convirtió en líder de la Lliga Regionalista, un partido político que existió de 1901 a 1936. Después de la muerte de Prat de la Riba en 1917, Cambó formó parte del gobierno de España en 1918 como ministro. En las memorias de Cambó, este explicaba que el movimiento nacionalista tenía un tamaño ridículamente pequeño cuando empezó, era casi como un culto. Explicaba que, como todos los grandes movimientos colectivos, la rápida expansión del nacionalismo catalán se debió a la propaganda basada en algunas exageraciones y algunas injusticias.

El movimiento actual

En 2012, se creó el fondo de liquidez autonómica para dar a las comunidades acceso a préstamos y deuda con un interés de casi el 0%. Aproximadamente el 33% de este dinero ha ido a Cataluña, a pesar de que afirman ser una de las regiones más ricas, innovativas, civilizadas y cosmopolitas de España.

Uno de los mayores casos de corrupción política es el de la familia Pujol. Jordi Pujol fue el presidente del gobierno catalán durante 23 años y está considerado uno de los padres de la nación catalana. Se ha descubierto que su familia y él mismo tienen una fortuna de aproximadamente 3.300 millones de euros en paraísos fiscales. Este dinero estuvo escondido a las autoridades fiscales y su origen se está investigando. El tribunal reveló que provenía de actividades políticas, principalmente de pagos ilegales de empresarios en busca de contratos públicos. Tristemente, no es el único caso de este tipo.

El movimiento nacionalista continúa extendiendo la idea de que el idioma catalán está en peligro. La realidad es que solo la mitad de los catalanes tienen al español (es decir, el castellano) como lengua materna, un hecho contra el que se ha luchado a través del sistema de inmersión. La ley dice que los padres pueden elegir el idioma en el que quieren que estudien sus hijos, pero no se está aplicando, ni siquiera después de sentencias favorables del Tribunal Supremo. Además, la ley en Cataluña obliga a que el rótulo de tu negocio está en catalán o puedes recibir una multa y que debes hablarlo si quieres conseguir un empleo público como policía o médico, a pesar de que el 98% de la población habla español.

Quiero la libertad para Cataluña, y si eso significa que esté fuera de España, que sea así. Pero debe hacerse legalmente. La Constitución española establece que el país es una monarquía democrática y constitucional y que la soberanía reside en el pueblo español. Más del 90% de los catalanes votaron sí a la Constitución española. Para cambiar el sistema político actual, un referéndum debería empezar en el Congreso nacional, con una ley aprobada por mayoría absoluta en el Parlamento. A través de este sistema sería posible realizar un referéndum en Cataluña para verificar la realidad de las reclamaciones secesionistas entre el pueblo, pero esta posibilidad no ha sido contemplada por los nacionalistas. La Constitución y la opinión de aquellos que no están a favor de la secesión, que se sienten al tiempo españoles y catalanes, que no están implicados en el programa político de los nacionalistas catalanes, como vimos en 2014, también debe ser respetada. Pero si los nacionalistas llevaran a cabo ese referéndum, podrían perder: la propaganda no te lleva más allá.

*Este artículo fue originalmente publicado en inglés en Mises Institute

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