Sobrecarga tributaria asfixia a sectores productivos en Ecuador

Carlos Julio Emanuel, Ex MIn. de Economía (*)

17/07/2019

Desde el inicio del gobierno de Correa hasta la fecha se han puesto en vigencia más de 30 reformas tributarias, dejándole al Ecuador una herencia de más de 65 impuestos de la más variada gama. El efecto de esta sobrecarga tributaria es la asfixia de los sectores productivos, la recesión/contracción de la economía y la consiguiente falta de generación de empleo.

Pero pese a la reciente eliminación del impuesto ambiental a la contaminación vehicular, más conocido como impuesto verde, la práctica de conseguir cada vez más recursos para el fisco no cesa: ya se habla de nuevos impuestos a plataformas electrónicas, y más peligrosamente se está analizando aumentar el IVA porque así lo ha solicitado el FMI.

Cualquier estudiante del primer curso de macroeconomía aprende, amparado en la lógica y el sentido común, que cuando una economía atraviesa periodos de recesión y, peor aún de contracción, se debe hacer justamente lo contrario: eliminar o reducir impuestos. Una mirada rápida a lo que ocurre en el mundo confirma lo anterior: la reducción de impuestos en Estados Unidos ha revitalizado esa economía y explica el alto grado de aceptación del presidente Donald Trump; en Portugal, su primer ministro Mario Centeno ha aplicado con éxito esa misma política; este año China anunció la mayor reducción de impuestos de su historia para contrarrestar su desaceleración económica al 6%; y el recientemente electo primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, ha decidido aplicar la misma fórmula. Podría citar otros casos. Pero en Ecuador, cuyas autoridades económicas discrepan en cuanto a si este año creceremos al 0,2% o 0,5%, nadamos a contracorriente.

La prioridad es conseguir más recursos para seguir financiando el gasto que en términos corrientes aumentó en 8% en el periodo enero-mayo 2019 en comparación con el 2018. En lugar de seguir usando la imaginación para inventar nuevos impuestos, lo que corresponde es eliminar todos los impuestos verdes que patentó la revolución verde-flex, entre ellos el mal llamado impuesto a la salida de capitales que impide su ingreso, el anticipo del impuesto a la renta que es en realidad un impuesto al patrimonio, de la mano con la reducción del IVA, cuyo nivel no debe compararse con el de economías no dolarizadas, y del arancel a niveles del 2% como en Perú o 5% como en Chile. Necesitamos un equipo económico que produzca un plan económico propio, como lo hemos logrado en anteriores ocasiones, con la solvencia técnica necesaria para negociar de igual a igual y poder decirle no a las equivocadas recomendaciones del FMI.

(*) Publicado en Cartas al Director, Diario El Universo | Imágen Archivo El Universo

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