No sé si preguntarle a Marián por quién va a votar

30/03/2017
Hanns Soledispa

“Ingrato” fue su primer mensaje, y yo ya sabía que eso era lo primero que me respondería, y claro es que habían pasado más de 7 meses desde la última vez que conversamos, así era ella, siempre reclamando mis ausencias, ausencias que se habían prolongado mucho más desde que nos graduamos de la universidad.

En aquella ocasión tuve un poco de vergüenza y lo pensé durante varias horas antes de lanzarle el mensaje de “Hola Marián qué tal te va”, y fue por fin a las 6 de la tarde que me decidí por escribirle, pero una hora después noté en WhatsApp que el mensaje aún no era recibido. La respuesta llegó a las 11 de la noche. Seguido del “Ingrato”, recibía el amistoso “Aquí recién llegando del trabajo. Y tú como estás”

Su mensaje de respuesta me llegó muy en la noche, y como yo había tenido vergüenza de pensar en escribirle, casi hasta me parecía un alivio el pensar en la idea que su respuesta no llegara nunca. Pero llegó. No respondí enseguida, esperé a la mañana siguiente, pero el solo pensar en que Marián trabajaba tantas horas al día, empezaba a inquietarme, así que eso sería lo primero de lo que le hablaría al día siguiente.

La vergüenza que inicialmente había tenido antes de decidir escribirle se había disipado momentáneamente. Le había escrito para comentarle de una propuesta laboral, que según lo último que supe de ella, era lo que buscaba muy desesperadamente desde hace mucho tiempo. Y yo sentía vergüenza porque ella fue una alumna destacada en la mejor universidad del país, y ahora yo le estaba escribiendo para comentarle de una propuesta laboral que apenas y superaba el salario mínimo. Yo sentía vergüenza, pero me calmaba la idea de que ella ya tenía un trabajo y que la vacante de la que le pensaba comentar seria ocupada por alguien más, alguien que quizás yo no conocía, y así quedaría todo en equilibrio, puesto que yo tampoco sabía mayores detalles de la vacante, solo cumplía con la consigna de referir a alguien.

Me equivoqué, ella me lo contó todo, sus condiciones actuales, y la espesa necesidad de buscar otro trabajo. Marián trabajaba hasta altas horas de la noche sin siquiera pensar en recibir remuneración por horas extras, se había despojado de sus fines de semana y hasta de los días feriado, y todo ello por el exiguo salario básico. La propuesta que le comentaba le parecía el trabajo ideal, cuando era evidente que todo aquello estaba muy lejos de lo que cualquiera de los compañeros del paralelo 411 hubiera soñado. Todos pensando convertirse en hombres de empresas, en respetables profesionales, y la realidad fue otra, desempleados, o infravalorados en sus trabajos de salario mínimo, con jefes creyendo tener el derecho de explotarlos, y los explotados autoconvenciéndose de que aquello es parte natural del sudor del pan. Y es que aun siendo niños entramos a la universidad con una mochila llena de sueños e ilusiones y tras cinco años obtenemos apenas un cartón grafiteado con una pomposa firma atravesada por un sello seco.

Eso pasa en nuestra Patria, la patria en la que se restringieron las importaciones por considerarlas satánicas, la patria en la que las empresas tuvieron que cerrar sus puertas por las bajas ventas, millones de personas en el desempleo y la pobreza, si hasta suena egoísta mencionar que 6 de cada 10 personas dispuestas a trabajar no logra conseguir un empleo formal, así son las estadísticas, lapidan en dos o tres palabras la triste realidad de una nación.

Pensar sobre esos temas son habituales sobre todo los domingos por la tarde. Y como suele pasar los domingos por las tardes, cuando uno se convence que el tiempo que transcurre no es en realidad muy importante, decidimos perdonar a nuestros párpados al menos durante cinco minutos, pero cuando volvemos a abrir los ojos en realidad han pasado varias horas, y habremos desperdiciado el domingo, llega la noche, y entre un apuro y otro ya nos toca prepararnos para el irremediable lunes.

Así estamos. Así, como queriendo reponernos del sopor del domingo, en un abrir y cerrar de ojos ya transcurrió un nuevo periodo presidencial, pero no cualquier periodo presidencial, ha sido uno que nos ha gobernado toda una década, y que incluso tuvo las intenciones de gobernar indefinidamente. Iremos una vez más a depositar las riendas del país en una urna de cartón, una urna que no tiene espacios para sueños o ilusiones, solo hay espacios para papeletas cómplices. Luego vendrá el conteo de los votos y se habrá tomado una decisión.

Pero ¿a quién elegir? Tal vez hay quienes ya tengan su candidato, o tal vez aún no, quizás ninguno de los que han postulado los representa, o en algún lugar de la amarga cronología democrática perdimos las esperanzas de que el voto vaya a influir en algo. Lo cierto es que esa pregunta no tendría que ser importante, no tendría que importarnos quién administra, deberíamos poder decir “es solo un presidente”, pero no es así, la decisión de este domingo nos golpea tanto, pues le hemos dado tanto poder a aquel cargo, tanto que poco a poco fuimos abandonando nuestra individualidad, nuestra libertad, y pasamos a ser un colectivo, el colectivo de La Patria, el pueblo.

Solo hay dos opciones: Más libertad o Menos libertad, elijamos a aquel candidato que nos devuelva el empoderamiento como individuos, aquel que crea en nuestras propias capacidades para salir adelante, que deje atrás el paternalismo y el proteccionismo estatal. Seguramente ese candidato, el candidato perfecto, no se postuló, o no existe, pero votemos por el que más se le aproxime, pues la escalera de la libertad se la sube escalón por escalón.

En la campaña vimos violencia, ataques personales, campaña sucia, hackeo de redes sociales y páginas web, hemos superado niveles escalofriantes del deterioro de la política. Nuestro país no se lo merece, no merecemos este ambiente, rechacemos a aquellos que destilan odio, que proponen divisiones, rechacemos el uso de fondos e instituciones públicas para el proselitismo político, elijamos la libertad.

Quise preguntarle a Marián por quién va a votar el domingo de elecciones, pero siempre se nos ha dicho que no se debe conversar de política con los amigos y tuve vergüenza una vez más. Tal vez le escriba o la llame para decirle que elijamos la libertad, enarbolemos nuestro voto cual bandera de esperanza, y desde las urnas, juntos, marquemos el inicio de una nueva etapa, de una mejor etapa para nuestro país.

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