Lo que está en juego

Francisco Swett
22/03/2017

En los albores de su bicentenario como República, Ecuador se juega su suerte: o pasa a ser parte integrante de la órbita comunista, o se reintegra al mundo civilizado e impone el régimen democrático-liberal como forma de gobierno.

El socialismo, una ideología descerebrada, requiere de la dictadura: no hay término medio. Se basa en la centralización del poder en una persona, y su conservación a través del partido, sus títeres y la maquinaria de opresión. Las leyes son promulgadas para apuntalar el control; la seguridad interna para vigilar a los ciudadanos y prevenir cualquier “brote sedicioso”; la educación para impartir ideología; las proclamas de igualdad para forzar la conformidad; la justicia para amedrentar y castigar; los impuestos para apropiarse de los resultados del trabajo y el ingenio ajenos; el odio de clases para dominar; y la corrupción para hacerse ricos y prósperos dentro del círculo de poder.

Tuve la oportunidad de ver los contrastes de vida en mis visitas a los países comunistas y testimoniar lo que es la opresión, y así volverme un libertario radical.

Transitar de Berlín Oriental al Occidental era, en el escaso trayecto de unos cincuenta metros, pasar de las tinieblas a la luz; del aire enrarecido de la opresión, de las caras duras y los ceños fruncidos, al desorden y la algarabía; de la depresión de la escasez inducida al consumo libre de lo que viniere en gana; de la esperanza perdida a la grata sonrisa del gesto amable; de las restricciones totales a la libertad, ni qué hablar de la posibilidad de viajar, moverse adonde a uno le viniere en gana. El ser humano nació libre. El comunismo-socialismo es una doctrina contra natura. No hay medias tintas.

El socialismo es la doctrina económica del fracaso.

La igualdad halla su lecho en la pobreza y en las privaciones de todos. Los planificadores e ingenieros sociales se consideran mesías, poseedores no solo del conocimiento universal, sino, más aún, de aquello que es moralmente aceptable (cantar loas al gobernante) de lo que no es permitido (pretender pensar en forma autónoma). Son expertos en distribuir la carestía. En premiar la vagancia, castigar la diligencia y destruir la innovación.

No hay un solo caso de una economía bien sucedida y próspera bajo el dominio del socialismo. El socialismo es la negación misma del progreso material. Su defensa de los pobres requiere que se mantengan estos en calidad de proletarios sometidos a la propaganda y a las dádivas, y en su condición de pobres para constituir la primera línea de defensa del régimen. Es la práctica del antiintelecto, pues la inteligencia es liberadora. Requiere el control total de la información para dosificar, a su manera, todo aquello que contraría el poder de la autoridad.

La libertad no es negociable. La obliteración del socialismo es lo que está en juego.

Si los ecuatorianos optamos por vivir libres volveremos a transitar, colectivamente, por los entreverados caminos de la libertad.

Debemos, entonces, estar conscientes de que la alternativa debe ser incluyente y sustentable si no queremos volver a la oclocracia y a que el Ecuador, como Venezuela, se convierta en un gran campo de concentración

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