Las implicaciones de un “Brexit Duro” en Gran Bretaña

Patrick Barron *

18/03/2019

Cuando los británicos votaron el 23 de junio de 2016 sobre si dejar o no la Unión Europea (UE), no había discusión sobre un “Brexit duro o suave”. Estos términos fueron inventados luego de que el Brexit ganara con un amplio margen y el Partido Tory (Conservador), mayormente anti-Brexit y en especial su dirigencia, decidieran que necesitaba negociar los términos de salida. Los que apoyan el Brexit consideraron que esos términos traicionaban el [mandato del] referéndum del 2016. Estos 17.4 millones de británicos indudablemente creían que el Brexit significaría exactamente eso: que Gran Bretaña no sería más gobernada por ninguna de las leyes o regulaciones de la UE, etc. Sin embargo, todo lo que el mundo ha escuchado desde ese día en junio de 2016 es un debate sobre los términos de salir, con cualquiera de los llamados términos siendo etiquetados como “Brexit suave”; mientras que abandonar sin ningún acuerdo es un “Brexit duro”.

En un “Brexit duro”, Gran Bretaña solo abandona el bloque y todas las regulaciones de la UE son nulas y sin validez. Un “Brexit suave” puede significar todo lo que un “Brexit duro” no es; el país acordaría continuar algunas o todas las regulaciones para manufacturas, tarifas y acuerdos intergubernamentales; como ceder jurisdicción a la Corte Europea de Justicia, que aplica a los países de la UE. La lista es casi infinita y el plazo muy nebuloso; una perfecta oportunidad para aquellos que desean tener un BRINO (Brexit In Name Only – Brexit Solo de Nombre).

El parlamento debe actuar

Vino como una sorpresa para este estadounidense, y probablemente para muchos británicos también, pero expertos constitucionalistas británicos afirman que solo el Parlamento puede en realidad sacar a Gran Bretaña de la UE y solo él puede decidir bajo qué términos, si es que hubiese alguno(s), pudiera llevarlo a cabo. Por supuesto, uno de los términos de la separación podría ser que no hay términos de separación ―por tanto hay un “Brexit duro”. Este ensayo analizará las implicaciones de dicho desarrollo en Gran Bretaña desde cuatro puntos de vista: el efecto factible en las importaciones británicas, en la ciudad de Londres (el nombre no se refiere a una entidad geográfica o legal pero a las firmas financieras con sede ahí) y en el control de las fronteras.

El efecto en las importaciones británicas

El gobierno actual ha estado explorando la posibilidad de reducir todas los aranceles de importación a cero, excepto en “industrias sensibles”. Esto sería muy bueno para los consumidores porque la UE impone tarifas en casi todas las importaciones de naciones ajenas a ella. En este muy notable intento de insular a granjas europeas ineficientes de la competencia global, la UE impone tarifas onerosas en productos agrícolas ajenos a la comunidad, por medio de la Política Agrícola Común (CAP por sus siglas en inglés). Eliminar esta y otras muchas tarifas reduciría significativamente el costo de vida para los británicos. El éxito del Brexit puede depender enteramente en si Gran Bretaña elimina tarifas en la mayor parte de los bienes. Es una oportunidad dorada. La UE misma está muy orientada a las exportaciones, por lo que es improbable que imponga restricciones a sus países miembros de vender bienes a Gran Bretaña. ¡Hasta ahora muy bien!

El efecto en las exportaciones británicas

Las exportaciones son enteramente otra cuestión. No estando más en la unión aduanera libre de impuestos, se asume que la UE impondría tarifas en productos británicos como lo hace con cualquier país no miembro de la UE, alzando su costo a compradores europeos, lo cual resultaría en menos ventas británicas. El daño real no caería en los exportadores británicos pero si en los clientes europeos de Gran Bretaña, que ahora están prohibidos de comprar bienes británicos al precio previamente ventajoso. Por otro lado, ya que no debe cumplir onerosas regulaciones de la UE, la industria británica podría disfrutar de menores costos de manufactura que le permitirían vender más a países ajenos a la UE. A pesar de que podría tomar tiempo para Gran Bretaña desarrollar nuevos mercados para sus bienes, algunos países liderados por el propio Estados Unidos, han anunciado que están listos para firmar tratados de libre comercio (TLCs) con Gran Bretaña apenas abandone la UE.

El efecto en la Ciudad de Londres

La Ciudad es un hub global masivo. Sus compañías bancarias y de seguros son dominantes en la UE, y es probable que se mantengan por razones de profundo conocimiento del mercado y por su alta reputación de honestidad y tratos justos. A pesar de que algunas compañías han movido sus operaciones a Frankfurt, no queda claro si esas mudanzas son significativas en número o si simplemente serían parte del flujo normal de mercado. Los mismos temores sobre la suerte de la capital fueron alzados cuando Gran Bretaña aseguró una cláusula de exclusión del Tratado de Maastricht de 1992, que formalmente creó el euro [conservado la libra esterlina]. A no ser que la UE imponga algún impuesto especial o regulación prohibiendo a miembros de la UE de utilizar firmas de Londres, es improbable que la urbe vaya a ser muy afectada por un “Brexit duro”.

El efecto en controlar fronteras

La inmigración ilegal no controlada hacia la UE se volvió una cuestión clave para pasar el referéndum del Brexit. Existió gran preocupación por décadas sobre la pérdida de soberanía británica hacia burócratas no electos en Bruselas. También el costo económico de pertenecer a una unión aduanera cerrada con altas tarifas y regulaciones onerosas; pero el movimiento para abandonar llegó a un punto culminante sobre controles fronterizos, o bien la ausencia de éstos.

Uno de los cuatro pilares de la UE es la libertad de movimiento de personas dentro del bloque (los otros cuatro son libertad de movimiento para bienes, servicios y capital). La inmigración ilegal llevo a su punto culminante tras la crisis de refugiados del mundo árabe. Una vez dentro de la UE, estos refugiados podían migrar a cualquier lugar dentro del bloque, incluyendo Gran Bretaña, alzando el costo de proveer servicios sociales y afectando la vida establecida.

Gran Bretaña no fue el único país de la UE que se opuso a esta migración imprevista. En realidad el control migratorio puede aún romper a la UE, ya que la élite en Bruselas insiste en que cada país miembro no solo acepte un número dictado de refugiados, sino también que cada país luego permita a los refugiados migrar libremente dentro de la UE. Un “Brexit duro” descartaría el requerimiento de que Gran Bretaña acepte a más refugiados de los que ella cree que puede aceptar. Los cruces fronterizos no controlados terminarían a medida que modestos controles son reinstalados.

Una cuestión fronteriza aparte, corresponde a las relaciones entre Irlanda del Norte (IdN) [británica] y la República de Irlanda (RdI)  [independiente] respecto a bienes. IdN es parte del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte [nombre oficial de Gran Bretaña o Inglaterra] y ha habido mucha preocupación sobre continuar el libre flujo de bienes dentro y fuera de la República de Irlanda [que es parte de la UE]. Ello parece ser mucho ruido sobre poco. Muy probablemente los bienes hacia y desde la RdI serían sujetos a chequeos aleatorios sin  mayor obstáculo en el comercio. La UE ha cabildeado por una “puerta trasera irlandesa”, por la cual IdN permanecería en la UE por algún periodo de tiempo. Naturalmente esto ha indignado a leales súbdi2os británicos, especialmente en IdN, y casi no tiene posibilidad de ser parte un acuerdo de “Brexit suave”.

Una conclusión positiva

En conclusión, el efecto de un “Brexit duro” en Gran Bretaña misma debería ser abrumadoramente positivo, especialmente si el país en efecto remueve todas las tarifas y concluye, con bastante rapidez, TLCs con el resto del mundo. Naturalmente mi consejo a Gran Bretaña es el de unilateralmente [cursiva del autor] remover todas las tarifas en todos los bienes, incluyendo las “industrias sensibles”. Los TLCs se vuelven entonces irrelevantes.

Gran Bretaña podría nuevamente liderar el camino ante el mundo de los beneficios del libre comercio unilateral, así como lo hizo en el siglo XIX con la abolición de las Leyes del Maíz (Corn Laws). Quizás este desenlace es lo que la UE más teme, porque pondría en duda el beneficio de pertenecer a una unión aduanera cerrada y podría marcar el inicio de su fin.

(*) Patrick Barron (EE.UU.) ha ejercido la consultoría en materia de sistema bancario por los últimos 34 años. Dicta la cátedra de simulación de gestión bancaria en la Escuela de Graduados de Banca de la Universidad de Wisconsin, así como de Economía Astriaca en la Universidad de Iowa. Es colaborador semanal en The Bulletin y preside el Right Approach Group, organización que ofrece soluciones de mercado gratuito a problemas económicos de la actualidad. Asimismo ha dictado conferencias en las oficinas del Parlamento de la Unión Europea ubicadas en Bruselas. Bélgica y Estrasburgo, Francia.

Traducido por Miguel Reyes, Investigador de IEEP

El artículo original en inglés el 13/03/2019 en Blog Patrick Barron

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