El mercado no son los ricos, son los pobres

16/11/2017
Alejandro A. Tagliavini

Los políticos, demagógicamente, dicen que promulgarán “leyes” que favorecerán a los pobres. Pero manejan al Estado —el monopolio de la violencia— y sus ayudas consisten en imponerse sobre el mercado natural.

Más allá de que la violencia siempre destruye, ergo, estas “leyes” son destructivas, los que les creen terminan pensando que el mercado es malo, cuando está conformado por todas las personas que integran una sociedad de modo que, cuando se imponen “leyes”, debe leerse que se imponen violentamente sobre las personas quedando más perjudicados los más débiles, los más pobres.

Los demagogos dicen que el mercado “egoísta” favorece a los ricos cuando es lo contrario: muchos ricos “compran” la política para imponer “leyes” a su favor. Por caso, que impidan la importación para no tener competencia. Veamos.

Al proyecto fiscal de Donald Trump se le oponen 400 millonarios que firmaron una carta pidiendo que no se recorten sus impuestos, promovida por la ONG Riqueza Responsable, próxima a los demócratas, y suscrita por George Soros y Steven Rockefeller entre otros.

Trump presentó “el mayor recorte fiscal de la historia”. Pero la rebaja impositiva —al no bajar el gasto— incrementaría la deuda en US$1,5 billones en 10 años sobre que ya se deben 20 billones. Según el oficialismo, bajando la presión fiscal sobre las empresas estas crecerían y así aumentaría la recaudación sin que sea necesario un mayor endeudamiento. La misa estupidez que piensa el presidente argentino.

A ver. Lo cierto es que, a mayor capacidad económica, una entidad -o persona- más traslada los impuestos hacia abajo. Por caso, una empresa los paga subiendo precios, bajando salarios, etc. Así, los más pobres resultan más perjudicados por la presión general. De modo que ese “no nos bajen impuestos” es hipócrita. 

Los Paradise Papers, mencionan a más de 120.000 personas y empresas. Desde la reina Isabel II hasta empresas como Facebook, Apple, Disney, Microsoft, Uber y Nike que, según The Express Tribune, “han evitado pagar millones en impuestos utilizando empresas offshore”. Pero hete aquí que, también, aparece el firmante de la carta George Soros

Son casos como el de la cantante Shakira que vive en Barcelona pero tiene domicilio en Bahamas y tributa en Malta. O sea, gente que trabaja y solo quiere evitar los “infiernos”, el abuso coactivo de los Estados recaudadores —“los publicanos” tan condenados en los Evangelios— mostrando que el problema no son los paraísos, son los infiernos.

Ya en 2011 Bill Gates y Warren Buffet dijeron que "Mientras las clases… bajas… luchan por ganarse la vida, nosotros… continuamos teniendo exenciones fiscales”. Justamente Gates que ha hecho su fortuna sobre un verdadero monopolio garantizado por el Estado, tal el “copyright” de su sistema operativo.

Muchos millonarios adoran al Estado porque viven a base sus privilegios cuando no a corrupción, tan sistémica que hasta Hillary Clinton está siendo investigada por tomar decisiones influidas por donaciones siendo secretaria de Estado. A su vez, Clinton y el Partido Demócrata financiaron la investigación sobre Trump y Rusia que ya lleva varios presos y unos US$850 mil cobrados por su yerno.

Dicen que los impuestos van a asistencialismo para los pobres, pero un simple cálculo muestra que lo que el Estado les quita por vía de coacción fiscal supera a lo que les devuelve.

*Este artículo fue originalmente publicado en El Cato.

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