Ecuador les debe una disculpa, hermanos venezolanos

22/09/2017
Jorge Chuya

Usualmente escribo sobre la política de mi país, y sus consecuencias en la sociedad ecuatoriana. Pero hoy quiero hablar específicamente de la sociedad ecuatoriana. Hoy quiero escribir y desahogar mi enojo y decepción porque me di cuenta de que quizás merecemos la política que tenemos.

La semana pasada la xenofobia afloró en un sector de los ecuatorianos cuando en un video de Facebook se escucharon comentarios por parte de una venezolana diciendo que los ecuatorianos son “indios feos”. Tras esa declaración, hubo mucho descontento y algunos reaccionaron de pésima forma. Se dice que niños venezolanos han sufrido acoso en sus escuelas, y aquellos hermanos venezolanos que trabajan en la calle, tratando de sobrevivir con lo mínimo, también han sido víctimas de insultos. Me entristece saber que mientras tenemos un país en crisis económica, con falta de empleo, falta de institucionalidad y varios casos de corrupción; hay personas que se empeñan en seguir a la estupidez como un estilo de vida.

Todo este revuelo provocó decenas de disculpas por parte de muchos venezolanos que tratan de subsistir en Ecuador, incluyendo el de la chica que emitió los comentarios. Incluso, la embajadora venezolana pidió disculpas públicas para tratar de calmar las asperezas. ¿Van a odiar a todos los venezolanos por el comentario particular que hizo un individuo? ¿Acaso ustedes nunca se han equivocado? Yo sé que no somos todos, pero este pequeño grupo de xenófobos, por muy pequeño que sea, debe ser reprochado por sus acciones. ¿Qué nos separa de los venezolanos? ¿El azar de haber nacido en otro país? ¿La idea de nación y ciudadanía que es tan intangible y abstracta como su odio?

Si hay venezolanos en Ecuador es porque están intentando buscar una forma de vivir. Huyeron de una dictadura, dejaron a sus padres, esposas, hijos, amigos, por emprender un viaje a lo desconocido y hallar mejores días. Son gente de carne y hueso igual que nosotros, que ríe, llora, ama, igual que nosotros, que intentan luchar por aquellos a los que aman igual que nosotros lo hacemos. Son personas que necesitan de nuestro apoyo. ¿Y si nosotros fuéramos ellos?

Actualmente, estoy viviendo en Finlandia por razones académicas. En poco menos de un mes he conocido a más personas de distintas nacionalidades que en toda mi vida. ¿Y saben algo? No, no todos los musulmanes son terroristas. No, no todos los alemanes son supremacistas o xenófobos. No, no todos los argentinos son arrogantes. No, no todos los negros son delincuentes. Rompan barreras. Rompan estereotipos. En el mundo existe gente buena y mala sin importar sexo, religión, raza, edad ni nacionalidad. Después de todo, somos humanos y somos imperfectos.

Tras millones de años de evolución es irrisorio pensar que no nos hemos influenciado mutuamente entre las diferentes culturas que han coexistido en el planeta. Nadie es “puro”. Todos en todo el mundo hemos recibido influencias directa o indirectamente de otras partes del planeta. Es muy importante saber de dónde venimos, saber nuestra historia, pero, al mismo tiempo, también es muy importante saber que todos somos en el fondo de ningún lado del todo, y de todos lados un poco.

Hermanos venezolanos, a nombre de todos los ecuatorianos les pido una inmensa disculpa. No juzguen a todos por las acciones de unos cuantos. En esta vida tan efímera, estamos aquí para ser felices y ayudarnos el uno al otro cuando lo necesitemos.

Decía Bertrand Russell que el amor es sabio y el odio es tonto. En este mundo cada vez más interconectado, debemos aprender a tolerarnos el uno al otro, y poner nuestras diferencias a un lado. Tenemos que aceptar el hecho de que algunas personas dirán cosas que no nos gustarán. Un camino pavimentado en tolerancia es un camino digno de recorrer. Lo xenófobo se quita viajando, lo estúpido se quita leyendo, y lo tolerante se aprende escuchando a otras personas. Si quieres un mundo mejor, empieza por ti mismo.

*Este artículo fue publicado originalmente en PanamPost

Autor

Jorge es estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Casa Grande de Guayaquil. También es Coordinador Local de Estudiantes Por la Libertad. Se unió al IEEP en septiembre del 2015, y actualmente se desempeña como Coordinador del Departamento de Investigaciones.

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