Corrupción: ¿concepto económico, cultural o qué?

05/02/2019
Francisco Swett

Apuntes sobre un flagelo en la política latinoamericana

El Montonero incorpora como columnista al prominente economista ecuatoriano Francisco Swett (Princeton, MPA,1974) y actual Decano de la Facultad de Economía y Ciencias Empresariales de la Universidad Espíritu Santo (UEES).  El doctor Swett ha sido Ministro de Finanzas, Presidente del Banco Central, y parlamentario. Es autor de libros y columnista semanal del diario Expreso de Guayaquil.  Swett es un liberal y humanista, crítico del socialismo del siglo XXI. Publicará una columna semanal, los días martes, en este portal.

Cuando muy niño, alguna vez tomé y escondí unos juguetes que eran de mi hermano y yo quería tener para mí. Tan pronto como él notó la falta de lo suyo se quejó con nuestra abuela, quien de inmediato me ubicó como el sospechoso principal. Mi actitud me delató y, recuperado que fuera el botín, esa gran maestra de la disciplina y los buenos hábitos de conducta me llevó a un costado y procedió a enseñarme una lección que jamás olvidaré: diferenciar lo que es mío de lo que no es mío y respetar lo ajeno.

Los humanos interactuamos en muchas esferas en las que la integridad y la deshonestidad cohabitan. La contienda entre conductas se da en el intercambio material, los vínculos de las parejas, la escuela, el trabajo, los deportes y en el gobierno, en el manejo de dineros que no son de uno sino de los contribuyentes. Son dineros que, de acuerdo al pacto social, deben estar destinados al servicio del interés público. En la teoría económica el tema de la ética es, a ratos, explícito en el discurso de los teóricos, pero las más de las veces es implícito. Existe también la tensión entre las leyes que restringen el ejercicio de la libertad (los aranceles) y las conductas tipificadas como ilegales o aun delictivas (el contrabando propiciado por las distorsiones de precios), que constituyen válvulas de escape del mercado reprimido.

Hay dos denominadores comunes que sitúan a la corrupción en el ámbito de lo económico y lo político: la ambición por el dinero y el ejercicio del poder. Lord Acton ya lo expresó: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. El ejercicio del poder va de la mano con el oportunismo para captar los negocios del Estado empresario y con la creación de asimetrías para obtener prebendas y protecciones especiales, que se dan en ausencia de la libre competencia. Para justificar estas acciones existen también las “razones de Estado”, que muchas veces no pasan de ser maniobras para proteger los rabos de paja de los gobernantes.

La ausencia de institucionalidad contribuye a estos quebrantos. La cartelización del poder abre el camino para que oferentes y decididores de bienes y servicios a transar enhebren entre sí y con sus allegados y testaferros las rentas extraordinarias que se originan en las coimas y sobreprecios de los negocios estatales. En el extremo, y como producto de la degradación ética y la falencia institucional, los gobernantes corruptos emplean tácticas y estrategias propias del crimen organizado con el propósito de trasladarse desde la instancia de estar al margen de la ley, a la de ser la ley.

En nuestra historia reciente, la expoliación extrema se ha dado con mayor presencia en los países sometidos al dominio del socialismo del siglo XXI, ideología practicada por verdaderas organizaciones delictivas que asumieron el poder basando sus promesas en el populismo de izquierda. Son grupúsculos que surgieron como consecuencia del quebranto del antiguo régimen de partidos tradicionales, en el que sus actores también usaron el poder para sus propios fines.

La cultura de la honestidad empieza en cas, y debe ser reforzada en la escuela y en todas las instancias educativas. La transparencia, la rendición efectiva de cuentas, los castigos ejemplares (incluyendo la incautación de las fortunas mal habidas), el repudio social a las conductas delictivas, el imperio de la ley y de la justicia independiente y el ejercicio pleno de la libertad ética son los poderosos antídotos con los que contamos para cambiar los escenarios y transitar firmemente por los caminos de la integridad individual y colectiva.

 

*Este articulo fue originalmente publicado en El Montonero de Perú

 

 

 

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