Con el ilegítimo no hay solución

29/05/2017
Joselo Andrade

Después de una década espantosa el país que heredará el presidente del apagón informático tiene salida, y sin embargo, con ellos no tiene solución. El planteamiento es simple: el socialismo es un modelo que necesita de inagotables e ingentes recursos para maquillar la realidad de sus consecuencias económicas, y además como si no bastase con ello, conduce inevitable e inequívocamente hacia la pobreza extrema y al totalitarismo que observamos en Venezuela, parada que lamentablemente es sólo un estadio más en la transición hacia la barbarie.

¿Cambio de dirección o de estilo?

Se suele sostener que el primer elemento para terminar con una adicción que destruye vidas y futuro es el reconocimiento del problema, en el caso del gobierno pareciera no ser este el caso. Su propuesta no pasa por reconocer el fracaso de una doctrina política que no ha funcionado en siglo alguno, sino más bien en creer que con una sonrisa disimulada y sin encanto alguno, se podrá mantener un show que hace rato dejó de agradar a quienes éramos testigos de éste.

En materia de impuestos, a falta de creatividad y sentido común tarde o temprano recurrirán a la manida y nunca olvidada tradición de sostener que pondrán impuestos a quienes más tienen, y que esto no afectará a los sectores económicos de menores recursos. Huelga decir que esto es más falso que el milagro económico ecuatoriano que sostenían ocurrió en el país, o el éxito de las cocinas de inducción.

Por el lado del endeudamiento el gobierno buscará más temprano que tarde extender la mano a quien esté dispuesto a entregarle recursos, esperemos que exista un mínimo de sensatez y traten al menos en el principio de renegociar deuda ya adquirida, aunque luego de ello irán por más y siempre más como puede deducirse de su slogan de campaña.

En materia monetaria felizmente “la locura del socialismo del siglo XXI” tiene puesta una camisa de fuerza, que aunque no gusta e incomoda a más de uno del gobierno, se sostiene parafraseando una conocida publicidad porque es “la moneda de los ecuatorianos”. No obstante, se la ha culpado de todos los males ocasionados por la torpeza del gobierno, y está en nosotros vigilar que “el dinero electrónico” no llegue a tener lo que se conoce como “curso forzoso”, pues esto significaría que uno de los dos elementos que nos diferencian de Venezuela “dolarización y fuerzas armadas medianamente independientes”, ya no se encontraría presente en la ecuación, con lo que el tan mentado feriado bancario se haría presente en tiempos de revolución… dicho sea de paso, hasta el discurso se les terminaría.

¿Qué les queda?

Mirar al cielo y rogar con mucha fé para que el “maná” de los altos precios del petróleo alimente las voraces y nunca insaciables ansias de recursos de un modelo que sin milagros de este tipo, no hubiesen permitido al gobierno saliente sobrevivir a más de un período, en el que por cierto, hubiesen pasado por nuestro país sin pena ni gloria.

Además de esto, y en ello son bastante creativos, buscar siempre más y novedosas formas de estrangular a la familia ecuatoriana con toda una fauna de nuevos impuestos, camuflados siempre con el slogan de “proteger la balanza comercial”, “proteger la dolarización”, “hacer uso de políticas comerciales a falta de políticas en lo monetario”, “evitar la especulación”, “corregir inequidades” y todo ese discurso, que una vez aterrizado empobrece y mucho.

Finalmente aunque con ellos el país no tiene solución, lo cierto es que sí tiene salida, en el comercio e integración de nuestra economía al mundo, y en la generación y captación de ahorro. Fácil de decir, aunque lamentablemente no es parte del libreto heredado desde Cuba y Venezuela. Esperemos por el bien del Ecuador que se cambie de estilo, pero más aún de dirección.

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