Burocracia torpe

03/06/2017
Paola Ycaza Oneto

Al inicio de su mandato, el presidente Lenín Moreno eliminó los seis ministerios coordinadores. Asimismo, creó un nuevo ministerio (Acuacultura) y siete “consejos sectoriales” los cuales deberán coordinar y concertar las políticas y programas de los ministerios y estructurar las políticas intersectoriales y de inversión pública. Aparentemente, ministerios coordinadores con otro nombre. Lo curioso es que los trabajadores de los ministerios eliminados fueron reubicados en otras posiciones del sector público. Es decir, si hay algo que ha creado Moreno en estos 40 días ha sido MÁS burocracia.

Ciertos principios económicos lo dicen: MÁS trabajadores no necesariamente equivale a mayor productividad o eficiencia. Al contrario, más empleados públicos tomando decisiones que repercuten directamente en los ciudadanos podrían incluso entorpecer y limitar la creatividad, una virtud indispensable para el crecimiento de la economía. Veamos con un ejemplo lo que puede llegar a hacer la burocracia en el mundo moderno, o tal vez es más correcto decir, deshace, o no deja hacer.

La idea básica de los teléfonos celulares fue introducida al público estadounidense cuando se terminaba la Segunda Guerra Mundial, allá en el año 1945. Las licencias debían ser emitidas por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC por sus siglas en inglés). El presidente de la FCC de ese entonces, J. K. Jett prometió esta emisión “en pocos meses”. Sin embargo, el Gobierno no asignó el espectro para telefonía móvil ni emitió las licencias autorizando el servicio sino hasta siete años después.

Antes de los celulares existía el servicio de telefonía móvil suministrada por los llamados radio common carriers (RCC). Esta tecnología primaria requería equipo pesado y caro. Cuando AT&T quiso comenzar a desarrollar celulares en 1947 con una tecnología más avanzada y equipos más livianos, la FCC lo rechazó: “El espectro podría ser mejor utilizado por otros servicios que no eran de naturaleza convencional o de lujo”, argumentó Jett.

Lo que AT&T proponía era incrementar el número de conversaciones simultáneas. Con el sistema anterior, cada conversación requería un canal que cubría todo el mercado; solo centenares de conversaciones podrían ocurrir a la vez. Por el contrario, un sistema celular podía soportar cientos de miles de conversaciones simultáneas.

Los RCC se opusieron intensamente a los celulares temiendo, con razón, que eliminaran sus operaciones. Tenían un poderoso aliado en Motorola, dado que los RCC eran sus clientes. Mientras AT&T formalmente solicitó una asignación celular en 1958, la FCC no respondió hasta 1968.

Un estudio de 1991 publicado por la National Economic Research Associates llegó a la conclusión de que “si la FCC hubiera procedido directamente a la concesión de licencias, estas podrían haber sido concedidas ya en 1972 y los sistemas podrían haber estado en funcionamiento en 1973”. Pero algunas empresas tenían interés en mantener la FCC atascada y, por supuesto, de su lado, lo que ocasionó décadas de retraso en la telefonía celular de libre acceso. Ya sabemos a quién “agradecer” esta demora.

La burocracia entorpece porque los intereses de pocos allegados al poder se entrometen. Los incentivos del burócrata suelen ser escasos para mover los trámites o, por el contrario, muy jugosos por coimas de ciertas empresas en detrimento de otras, resultando en demoras que restringen la creatividad humana, la competencia y con ello el acceso a estilos de vida más deseables.

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