Aberración Matemática

1/Marzo/2017
José Javier Villamarín

El Ecuador enfrenta su tercer gran desafío democrático. El primero, fue el retorno al sendero  constitucional, luego del gobierno militar; el segundo, alcanzar la paz definitiva con el Perú, y el de hoy, luchar contra la corrupción y recuperar la República. Una falla estructural ha marcado la política ecuatoriana de la segunda década de este siglo: la presencia de una sola fuerza –el correísmo-, que aun retiene el 39,35% de las preferencias pese a los vergonzantes casos de corrupción que han marcado su rostro. Esta aberración matemática fue posible gracias a que los votantes otorgaron poco peso a estos eventos a la hora de decidir la orientación de su voto.

Algunos líderes de la oposición han mostrado su interés en superar esta sinrazón. Dicho en términos épicos, se han animado a dar una muestra de grandeza al apoyar la candidatura de Guillermo Lasso en la segunda vuelta. Paco Moncayo, pieza importante en la política nacional, ha asegurado que “no es momento para ideologías, es el momento de para defender el máximo interés del Ecuador”. En el “arte de las maniobras”, calificaría a esta estrategia como óptima, y mucho más, en el “arte de la democracia”. Un cambio de grandeza, señor General.

La segunda vuelta -aceptada con resentimiento por Correa- enfrentará a una minoría con ínfulas de mayoría, con una auténtica mayoría democrática dispersa en alternativas minoritarias. La solución se conoce, por tanto, no hay nada nuevo en esta lectura: unir todas las grandes minorías democráticas frente a una pequeña mayoría autoritaria.

En cuanto a los primeros actores de la democracia, los ciudadanos, sería saludable, haciendo un ejercicio contrafáctico, que imaginen, cómo vivieran hoy, si el Ecuador no hubiese regresado a la democracia luego de la dictadura, o cómo serían sus relaciones bilaterales con el Perú si no se  hubiese alcanzado la paz. Si este crucigrama se resuelve, valdría imaginarse ahora, cómo sería el gobierno de Lenin Moreno frente al nada despreciable poder de su binomio y a la infatigable prepotencia de Rafael Correa, que desde donde esté, no dudará en “aconsejar” a su coideario.

La personalidad es concluyente en un político. En muchas ocasiones pesa más que la ideología. Si esto es así, correspondería imaginar ahora, si Moreno estaría en capacidad de resolver un conflicto con su vicepresidente, cuyo nombre circula entre las demandas de corrupción en el gobierno de las “manos limpias” -Glas bregará con vehemencia por defender lo suyo-. O si frente a los problemas económicos que tendrá que resolver, Correa y Glas le admitirían decir que “esta es la nefasta herencia del gobierno anterior”. Tendrá un serio problema de gobernabilidad, no cabe duda. Tal como están las cosas, si Moreno gana las elecciones, estaríamos frente a un hombre que no sabría si ser él o el que quiere que sea su creador.

Por tanto, la potencial victoria del candidato de gobierno retrasaría por cuatro años más la llegada de la propuesta de Lasso, entorpecería las investigaciones sobre los hechos de corrupción sucedidas en este gobierno, nos expondría a una larga y tensa época de conflicto, y a la vez, nos acercaría a una realidad de la que nos dolemos todos los días, y a la que miramos a la distancia: la venezolana.   

Autor

Licenciado en Ciencias Públicas y Sociales y Doctor en Jurisprudencia y Abogado de la República, por la Universidad Central del Ecuador. Especialista en Negociaciones Comerciales Internacionales, por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Facultad de Ciencias Administrativas y Contables. Perito calificado en Propiedad Intelectual con reconocimiento ante el Consejo Nacional de la Judicatura (Ecuador). Ha cursado la Maestría en Integración y Cooperación Internacional, en el Centro de Estudios en Relaciones Internacionales de Rosario (CERIR-Argentina) y el Posgrado de Actualización en Propiedad Intelectual, en la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho (Argentina). Tiene varios Diplomados en Relaciones Internacionales y Derecho Económico Internacional.

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