¿Y la economía qué?

14/06/2017
Sebastián Mantilla

Más allá de lo que haga o deje de hacer el flamante presidente de la República, Lenín Moreno, en el campo político, social e internacional, uno de los aspectos claves es el económico. Su éxito o fracaso en este ámbito marcará en gran medida el éxito de su gobierno en los próximos 4 años.

Aunque los primeros anuncios de Moreno han sido tomados por los agentes económicos como positivos y tranquilizadores (mantener la dolarización, racionalizar el uso de los recursos públicos y dar mayor cabida a la voz del empresariado en la toma de futuras decisiones), una de las grandes interrogantes recae sobre el déficit fiscal.

En el 2016 fue de USD 7 313 millones y, según estimaciones de las actuales autoridades económicas, el hueco fiscal en el 2017 bordeará los USD 4 600 millones. A diferencia de otros periodos, se prevé un incremento del gasto corriente en USD 1 427 millones (pasará de USD 1 4513 a USD 15 941 millones) y una reducción de los gastos de capital en USD 1 007 millones (de USD 9589 a USD 8 582 millones). Habrá que ver si hasta inicios de julio, fecha en que se presentará la Proforma Presupuestaria 2017 a la Asamblea Nacional, estas cifras sufren un cambio.

No obstante, existe la inquietud de cómo se va a cubrir esta brecha fiscal. En las últimas semanas ha habido una caída de los precios internacionales del petróleo (de USD 44 dólares a inicios de año a USD 40 la semana pasada). El IVA desde el mes de junio volvió al 12%. Finalmente, se han eliminado las salvaguardias.

Pero el problema que tiene el gobierno de Moreno no solo debería centrarse en el déficit fiscal. La aplicación de un modelo fracasado ha llevado a que la economía se haya contraído en los 2 últimos años, aumente el desempleo y subempleo, y no existan condiciones apropiadas para generar riqueza. Por ello, la clave está en atender los problemas de la brecha fiscal sin que ello afecte al crecimiento de la economía y la generación de empleo. De igual modo, que el impacto en lo social sea menor.

Si la alternativa temporal va a ser más endeudamiento, esto debería darse con la condición de que se vayan abordando los temas de fondo. Primero, renegociar a largo plazo y en mejores condiciones la deuda externa. Segundo. Reducir aún más el gasto corriente. Tercero. Deben revisarse los subsidios a los combustibles. Cuarto. La inversión pública, aunque hay un recorte sustancial para el 2017, debería enfocarse a actividades que realmente dinamicen la economía y no, como ha sido la costumbre, a proyectos que no tienen relevancia e impacto. La Refinería del Pacífico es un ejemplo de ello.

Este momento es clave. Por esta razón, el nuevo presidente, independientemente de lo que diga el ex presidente Rafael Correa, debe tomar decisiones transcendentales en materia económica. No puede quedarse en la brecha fiscal. Lo realmente importante es cómo apuntala un modelo económico que genere crecimiento y desarrollo.

*Este contenido ha sido publicado originalmente en el diario El Comercio.

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