¿Qué tipo de sociedad queremos?

José Javier Villamarín
17/04/2017

Es práctica recurrente del socialismo del siglo XXI seguir el método castrista para levantar y mantener dictaduras. Con falso maquillaje democrático, como buen cirujano que no trepida en sus cortes, la mano dura con el oponente, es la inapelable traza para la polarización excesiva, prólogo inequívoco de la división nacional.  La indigencia ideológica, la chatura de ideas y el colapso de la diversidad, acompañan al fraude electoral, brazo armado de un patrón que rehúye al debate y que apuesta por una sociedad en estado permanente de discordia, por una nación sin destino… estéril.

El fraude de abril de 2013 en Venezuela, que permitió el triunfo de Maduro sobre Capriles, aquel de 2014, en Bolivia, que favoreció a Morales, y la reciente comedia electoral de 2016 en la que Nicaragua reeditó la suerte vivida con el somocismo, pero ahora en cabeza de Daniel Ortega, son ejemplos de lo que repudia la opinión pública internacional.

En nuestro país, los principios que rigen el comportamiento del Consejo Nacional Electoral (CNE) de acuerdo a lo que señala el artículo 217 de la Constitución Política -autonomía, independencia y transparencia, en lo principal- están en entredicho. Ni la ciudadanía, ni los sujetos políticos confían en su gestión. ¿Pruebas? Sus cinco miembros son claramente partidarios de Alianza País, y su presidente, Juan Pablo Pozo, no ha limitado su voluntad, para hacer público su fervor hacia el presidente Rafael Correa, ni tampoco para incurrir en el improperio –antes que prevaricato- de afirmar el pasado 5 de abril, que los ‘resultados’ de las elecciones son ‘irreversibles’. Además, el reclamo que en primera vuelta le hiciera a Pozo,  Nubia Villacís, vicepresidenta del organismo, por la cadena nacional en la que anunció una segunda vuelta electoral, no es poca cosa. Es más, tampoco es nimia, la falta de tacto que Pozo ha tenido al no dejar a buen recaudo las fotografías publicadas en redes sociales, en donde él y su familia aparecen junto a Correa.

De todas maneras, el pleno del CNE aprobó -la noche del pasado jueves 13- el recuento de 1'275.450 votos correspondientes a 3.865 actas de todo el país y del exterior. Con esta apertura parcial de las urnas, se deja una ventana abierta a la sospecha – o ‘a la suspicacia’, que parece sonar mejor- y, rescatando a Max Weber, a la falta de legitimidad ‘racional’ del probable gobierno del señor Lenin Moreno. Él debería ser el más interesado en el recuento total de los votos. Le conviene; no creo que quiera ser parte de un malestar histórico que ya exhibe sus síntomas. Naturalmente, y valga la digresión, reducir la democracia a un mero producto electoral, en principio, es necesario, pero no suficiente. La legitimidad de un régimen político y de representación, se teje, conserva y vigoriza posteriormente en la forma en que hace uso de ella. Me refiero al ‘arte político’ de las promesas al ciudadano y su observancia o no, al respeto de sus libertades fundamentales y a la necesaria división de poderes.

Volviendo al texto, la lectura ofrecida no queda colgada en el mundo de las ideas. El año pasado el Tribunal Constitucional de Austria ordenó la repetición en todo el país de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales debido a irregularidades en el recuento de votos. El Partido de la Libertad de Austria no admitió la derrota en la segunda vuelta e impugnó el resultado que arrebataba la victoria a su candidato, Norbert Hofer, por apenas 30.000 votos.

Entre nosotros hay algo de utilidad: en la causa 079-2014-TCE, correspondiente a las elecciones de alcalde del cantón Balzar, frente al Recurso interpuesto con motivo de la Resolución No. PLE-CNE-15-26-3-2014 de 26 de marzo de 2014, adoptada por el Pleno del Consejo Nacional Electoral, el juez cita un escrito presentado por el recurrente que dice:  ‘Señor juez se ha vuelto a abrir el 93,20% de las Juntas Receptoras del Voto del proceso realizado el 23 de febrero del 2014 y se ha realizado por segunda ocasión un conteo voto a voto en el 93,20% de las JRV,…’; y, frente a ello reflexiona: ‘Este Tribunal encuentra que todo el conjunto de actividades se encuentran encuadradas dentro de lo que la normativa permite por lo que si bien cada ciudadano usa y ejercita sus derechos contemplados en la Constitución y la Ley y la autoridad encuentra en determinado momento que tales pretensiones deben ser atendidas así debe proceder… Como ya se expresó en el literal anterior, este Tribunal deja expresado que cada ciudadano tiene el derecho y la garantía constitucional para proponer las acciones y recursos que la ley le franquea y su uso no puede ser considerado como falto de garantía o de seguridad.’

La repetición de las elecciones en Austria, no significó la derrota de Hofer, más bien, el triunfo de la paz social. El presidente del Tribunal Constitucional Gehart Holzinger dijo en la lectura del fallo que éste ‘no convierte a nadie en perdedor o ganador, sino que refuerza la confianza en el Estado de derecho y en la democracia’. Mal hilvanada estaría la sentencia si se hubiese dicho lo contario. El nexo más fecundo y férreo sobre el que puede construirse una sociedad es la ‘confianza recíproca’, pues la suspicacia esteriliza. Una ‘sociedad de suspicacia’, dice Peyrefitte, es proclive a la lucha de clases, al encierro y a la agresividad y vigilancia mutua, mientras una ‘sociedad de confianza’, enseña, es de intercambio y comunicación, y aunque ninguna sociedad es ciento por ciento de suspicacia o de confianza, la que da la tonalidad es el elemento dominante. ¿Qué tipo de sociedad queremos?

Autor

Licenciado en Ciencias Públicas y Sociales y Doctor en Jurisprudencia y Abogado de la República, por la Universidad Central del Ecuador. Especialista en Negociaciones Comerciales Internacionales, por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Facultad de Ciencias Administrativas y Contables. Perito calificado en Propiedad Intelectual con reconocimiento ante el Consejo Nacional de la Judicatura (Ecuador). Ha cursado la Maestría en Integración y Cooperación Internacional, en el Centro de Estudios en Relaciones Internacionales de Rosario (CERIR-Argentina) y el Posgrado de Actualización en Propiedad Intelectual, en la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho (Argentina). Tiene varios Diplomados en Relaciones Internacionales y Derecho Económico Internacional.

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