¡Sí! al Comercio Internacional

08/08/2018
Carlos Cobo Marengo

El libre comercio, consiste en permitir que las personas compren y vendan lo que quieran, este tipo de comercio, promueve la competencia en el mercado nacional, ya que las empresas y productos del extranjero, incentiva a los productores locales a mejorar la calidad de sus productos y a mantener bajos costos, permitiendo que los consumidores puedan disponer de una mayor variedad de bienes, alcanzando mejores estándares de vida que no tendrían si no participaran en el comercio internacional.

Los beneficios derivados de esta actividad van mucho más allá,  la historia de la humanidad está llena de múltiples casos de este comercio por necesidad, que se apoyaba en las necesidades mutuas, donde los habitantes de un lugar determinado, suplementaban otros territorios con bienes que la naturaleza les denegaba, este tipo de comercio llevaba la paz entre naciones, no solo por interés, sino por el efecto que tenía sobre sus costumbres, creando uniones basadas en necesidades mutuas.

Este comercio emerge como fruto de las necesidades de los hombres, aumentando las oportunidades, principalmente de los países pobres, para alcanzar mejores niveles de vida por medio de actividades productivas. Millones de personas que intercambiaban y que hasta la actualidad continúan interactuando para satisfacer sus necesidades, demostrando que es posible mejorar nuestro bienestar al mismo tiempo en que ayudamos a otros a mejorar el suyo.

Fruto de este aumento en las posibilidades de consumo para los habitantes de una región y principalmente los más pobres, muchos autores como Adam Smith llegaron a pensar que nadie pondría una objeción a estas actividades. La división del trabajo al estar limitada por la extensión del mercado, una de las formas de extenderlo era precisamente abrirlo al comercio internacional, animando a los países a mejorar sus capacidades y aumentar al máximo su producción, aumentando ingresos y la riqueza de la sociedad. Para desgracia de Latinoamérica, nuestra región aún continúa debatiendo si la apertura comercial es la mejor forma de lograr el desarrollo, en pleno 2018 todavía debemos explicar las bondades del libre comercio.

Friedrid von Hayek, ha sabido explicar que el libre mercado es una consecuencia de acciones individuales a lo largo de siglos, institución que funciona sin que se controle centralizadamente, basado en la división del conocimiento. A pesar de ello, aun en nuestros días, existe la incomprensión de muchas personas acerca del funcionamiento y papel fundamental que juega el libre mercado.

Incluso la teoría de explotación marxista continua inspirando a miles de personas en contra del comercio internacional, manteniendo la idea de que los países pobres son explotados por los ricos al no vender productos manufacturados.

Actualmente estas mismas ideas son las que han concentrado el poder en Estados fuertes con altos impuestos y reglamentos que ponen en peligro la prosperidad de las personas, quienes se ven obligados a refugiarse en la economía global, para lograr la independencia personal que los gobiernos se encuentran arrebatando.

Grandes pensadores como Adam Smith, entendían también que en una sociedad libre, la función del gobierno debería ser proteger los derechos individuales y que las restricciones impuestas a la importación, altos aranceles y las prohibiciones, otorgan un monopolio a industrias nacionales, esto únicamente impide a los ciudadanos realizar intercambios comerciales con libertad, favoreciendo a los políticos con ingresos fiscales y clientelas buscadoras de rentas.

Mientras que al mantener mayores niveles de apertura comercial, se favorece a los consumidores, a quienes se les abrirán nuevas posibilidades para comprar a precios más bajos y gastar la diferencia en artículos que anteriormente no podían comprar. Se incentiva también un mayor desarrollo económico, ya que las inversiones directas traen a una nación no solo capital, sino tecnología e innovaciones que permiten mejorar los procedimientos y gestiones.

Este comercio con extraños y división del trabajo entre desconocidos, es el que ha permitido a la humanidad su rápida transformación y desarrollo con el que contamos en la actualidad.

El desarrollo de la tecnología solo pudo sostenerse donde las instituciones favorecían la libertad de pensamiento y la experimentación productiva. Personas independientes del gobierno, dispuestos a invertir e innovar y gozar del fruto de ellas.

Otra gran contribución del comercio al desarrollo de los países, ha sido la lucha de los ciudadanos por exigir mayor división y separación de poderes de tal manera que los políticos no pudieran tentarse a meter la mano en las riquezas ajenas. Las mejores políticas que conducen al desarrollo de los pueblos son aquellas en la que los gobiernos conceden a sus ciudadanos la libertad de comerciar, aprovechar sus ventajas comparativas, su creatividad y su ingenio.

No hay régimen político perfecto ni puede haberlo. Los individuos necesitamos vivir en sociedad pero tenemos preferencias y fines distintos y a veces incompatibles. Esas diferencias de gustos, recursos, valores no tienen por qué desembocar siempre en conflictos: precisamente ellas son la base de los intercambios comerciales voluntarios que benefician a todas las partes. 

 

Bibliografía

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Schwartz, P. (2006). En Busca de Montesquieu, La Democracia en Peligro. Madrid: Encuentro.

 

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